sábado, 18 de julio de 2015

AMIGOS VIRTUALES


Mucho se ha escrito sobre la amistad desde los albores de la creación, tan vieja y reconocida es. Poesías y poemas adornaron su valioso significado, con emocionantes estrofas que hablaban de su vigencia en la vida real del ser humano. Pero el tiempo pasa inexorablemente y viene regalando a nuestras vidas nuevas técnicas, sistemas y recursos que nos hacen ver maravillosos avances que jamás hubiéramos imaginado. Dejo ahora en suspenso mi perorata para dar paso a una visión prodigiosa de la amistad, en la pluma de un inspirado y apasionado cultor de la misma, que nos brinda nuevos conceptos relativos al  mundo virtual que nos rodea.  Dice Juan Manuel Otero:
"Es la semana de la amistad y víspera del Día del Amigo. No soy muy afecto a los slogans ni a la creación de días especiales, pero sí lo soy respecto de la amistad y los amigos.
A ustedes cuatro van dedicadas estas humildes líneas.
Todos, felizmente, tenemos amigos. Amigos que nos acompañan desde siempre, amigos que hemos conocido “la otra noche” en “la reunión de aquél otro amigo”… y así se va formando a lo largo de nuestra vida la maravillosa cadena de la amistad.
Los momentos de alegría y felicidad siempre fueron compartidos con amigos que nos brindaron un abrazo o compartieron un brindis con una sonrisa. Y en los de tristeza y desolación también tuvimos a nuestro lado al amigo que puso su hombro para llorar sobre él y su corazón para ayudarnos a sobrellevar el peso de la angustia.
He pasado por ambas estaciones y puedo dar fe del valor de una amistad.
Desde siempre nos reunimos con nuestros amigos en el café de la esquina, en un asado, una reunión social, con ellos jugábamos al futbol en la canchita de la otra cuadra a la salida del colegio, o remontábamos barriletes compitiendo en los diseños y la altura alcanzada, con ellos charlamos de nuestras alegrías y preocupaciones, de política, de aquél gol de Maradona. Pero siempre mirándonos a los ojos, frente a frente, charlando tonterías hasta el amanecer.
Y hoy resulta que tenemos amigos de quienes ni siquiera conocemos la voz, con quienes nunca cruzamos una mirada, sólo algunas fotos y su muro de Facebook. Pero que sólo por haber intercambiado opiniones, relatos, identidades, modos de pensar o lo que fuere; sólo por ello sabemos que se han incorporado a nuestro preciado patrimonio de amigos. Es que la magia de esos “teclados con pantalla” nos ha sumergido en un mundo que, no digo en nuestra lejana infancia o adolescencia, ni siquiera en nuestra propia madurez nos habría resultado creíble. ¿Hacer amigos a través de la PC? ¿De qué arte diabólica estamos hablando? Hasta de una carta de lectores surge hoy una amistad sincera.
Y aquí estamos con amigos reales y amigos virtuales. Y llegamos querer tanto a unos como a otros, y los virtuales en algún momento se convierten en amigos reales con quienes nos estrechamos en un abrazo.
Y a eso vienen estas deshilachadas líneas. Como un homenaje a mis amigos, pero también como una prueba de la realidad de lo que he dicho.
El viejo tango y la cálida voz del “tano” Marino nos recuerda a los “tres amigos” y la espera en la esquina de Suárez y Necochea. Pues bien, yo voy a hablar de cuatro amigos. Cuatro amigos a quienes quiero y que no se conocen entre sí, cuatro amigos con orígenes y tiempos absolutamente diferentes, pero a quienes igualo en el afecto que nos une.
 Comenzaré por aquél que conozco “desde siempre”, con él hicimos el primario juntos compartiendo, de delantales blancos almidonados, aquellos bancos dobles de madera con pupitre y hueco para el tintero, tomamos la Comunión con el Padre Alsina, nos llevaron nuestros viejos por primera vez a ver a Boca en la querida Bombonera… Con Roberto aprendimos al mismo tiempo a andar en “bici” y juntos recorríamos el barrio y alrededores en lejanos tiempos, con él compartí como simple observador el submundo de los aspirantes a músicos,  presenciando los iniciales ensayos de los Pick Ups con Horacio Ascheri o los primeros pasos de un desconocido Johnny Willy, primer seudónimo del Flaco Sánchez antes de transformarse en Johnny Allon. Es que Roberto había sido inoculado por el bacilo del rock, que llevará por siempre. El secundario y la vida pusieron distancia entre nosotros y creí que esa amistad había pasado a ser un dulce recuerdo.
Pero gracias al Facebook nos reencontramos y hoy somos dos jovatos intercambiando conversaciones, fotos y añoranzas de tiempos felices, mintiéndonos frente a frente que “estamos hechos unos pibes”. La amistad puede tener paréntesis, pero si es verdadera es eterna.
Con el Pepe nos conocimos en 1960 cuando ingresamos a la Escuela Naval, pero ninguno siguió la carrera, lo cual nos hace pensar que si bien hemos perdido la oportunidad de haber defendido a la patria en los 70, en contrapartida esa circunstancia nos permite estar vivos y en libertad.
También nos separamos el encaminar nuestras vidas por distintos rumbos, pero las visitas a un camarada encarcelado nos reencontraron y los asados del Centro Naval, la reunión por los 50 años de ingreso a la Escuela Naval o las despedidas de año en la querida Fragata Sarmiento, hicieron el resto.
Hay otro Pepe. Un personaje especial. Su carta a La Nación hizo historia. En ella contaba sus “experiencias” como ejecutivo de Chrisler y los chicos de aquella “juventud maravillosa”, finalizando la carta convencido de que si en lugar de sacrificarse estudiando y laburando al mismo tiempo para recibirse de Contador Público y llegar donde había llegado,  hubiera tomado los “fierros” hoy estaría en el gobierno.
Esa valentía y desfachatez me impactaron y comencé a escribirle a su mail, resultando que también era amigo del otro Pepe – aves del mismo plumaje vuelan en bandada – , y no dudé en invitarlo a los asados del “Grupete” (amigos de la Armada) que organizamos cada tanto. Hoy es un amigo más… y surgió de una carta de lectores.
Y finalmente llego al caso más extraordinario. Se trata de un amigo a quien no conozco, pero que habiendo leído sus cartas de lectores no dudé en acercarme a él. Y lo que encontré detrás de un Nick es algo digno de compartir. Estoy hablando de Silvio.  Seguramente que habrán leído sus valientes y concienzudas notas en la Nación o en su muro de Facebook. Pues bien, sin conocernos personalmente, surgió entre nosotros una leal amistad. Sepan disculpar el pleonasmo pero considero indispensable el adjetivo.
Poco a poco fuimos intercambiando mails y comentarios vía Facebook con Silvio y en esta forma virtual nos consideramos amigos de fierro con quien no pierdo la esperanza de llegar algún día a estrecharme en un abrazo.
Les recomiendo ingresar a su blog. Comprobarán la extraordinaria lucidez de este pibe de 92 pirulos que se expresa día a día con una profundidad y coherencia dignas de ser leídas y divulgadas.
Y ¿Cómo me vino a la cabeza escribir esta sarta de tonterías? ¿Y encima un sábado tan temprano?
Simplemente porque al leer en la cama La Nación, me encuentro con que el Pepe y Silvio han publicado sendas cartas en el correo de lectores. La coincidencia me dio impulso para recordar a los amigos y reunirlos en este mensaje.
Quiero que sepan (seguro que lo saben) que los quiero a todos, soy muy feliz con la amistad que nos une y me considero muy afortunado de tener sus mails…. Jajajaja
En la semana de la amistad, vayan estas líneas como humilde obsequio a los cuatro."
¿Qué les pareció esta notable y conmovedora carta?. Finalmente, rescato la frase que considero la más impactante, quizá porque hace sólo tres años que me lancé a mi nuevo juguete cibernético: "Es   que la magia de esos “teclados con pantalla” nos ha sumergido en un mundo que, no digo en nuestra lejana infancia o adolescencia, ni siquiera en nuestra propia madurez nos habría resultado creíble."
A todos mis familiares, amigos y contactos, ramitas del árbol, con los que vamos desbrozando el jardín de la amistad, real y virtual, les deseo un Feliz Día del Amigo, en paz, amor y justicia,  y con el cambio político, cultural y económico que tanto necesitamos.